Los físicos cuánticos dicen que en realidad somos una matriz cristalina líquida que vibra con luz, mantenida en su lugar por la gravedad. Esta descripción de la realidad se acerca más a la que diría un Chamán que la mayoría de los seres humanos. En el trabajo craneosacral bidinámico busco justamente esta visión de la realidad y del momento presente. En las sesiones observo todo como se manifestara como ondas, luz, frecuencias, vibraciones.

Yo personalmente, cuando comencé a sumergirme en ese concepto, sentí que todo empezaba a cambiar. Era y sigue siendo como caminar por los campos cargados de rocío de la mañana. No pasa mucho tiempo antes de que se me empaparan los zapatos de esta expresión tan peculiar de la realidad. La percepción de la curación y el concepto de verdad cambia cuanto más tiempo practico.
Empiezo a jugar en ese campo lleno de “rugiada/rocío”, el mismo de que habló Rumi cuando dijo:
– Más allá de las ideas de hacer mal y hacer bien, hay un campo. Nos vemos allí.
Cuando el alma se acuesta en esa hierba, el mundo está demasiado lleno para hablar -.

Una vez que comienzo a jugar con esta modalidad de trabajo corporal y percibo que el milagro de la curación se desarrolla de una manera sorprendente, me doy cuenta de que no soy yo el que está haciendo la curación, sino la Presencia.








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